martes, 24 de enero de 2012

El artista es un hombre que tiene una antena, que conoce cómo enganchar las corrientes que están en el cósmos.

EL ARTE DE HENRY MILLER,

una entrevista realizada por George Wickes en 1962





(extracto)



En 1934, Henry Miller, publica su primer libro cuando tenía cuarenta años y vivía en París.

En 1961 el libro fue finalmente  publicado en Estados Unidos, su tierra natal, donde rápidamente se convirtió en  un bestseller y, a causa de esto, Henry Miller en una celebridad.


Hasta ahora las aguas han sido tan enturbiadas por la polémica de la censura oficial, acerca de la  pornografía y la obscenidad pero el libro propiamente no habla de nada de eso en sí.


Nada nuevo, por supuesto. Como D. H. Lawrence, Henry Miller proverbialmente se ha convertido en una leyenda. Aclamado por críticos y artistas, venerado por peregrinos, emulado por beatniks, él representa por sobre todas las cosas el culto al héroe – o al villano- por todos aquellos que lo ven como una amenaza para la  ley y el orden.




El podría ser descrito como un héroe popular: un vagabundo, un profeta, un exiliado, el muchacho de Brooklyn que marchó a París  cuando todo el mundo se iba a casa; el bohemio hambriento durante la difícil situación del artista en Estados Unidos y  en los últimos años el sabio de Big Sur .


Toda su vida se encuentra escrita en una serie de narraciones picarescas en primera persona ubicadas en el presente histórico: sus tempranos años en Brooklyn en “Pimavera negra”, la lucha por encontrarse a sí mismo en “Trópico de Capricornio” durante los años veinte del siglo pasado, los tres volúmenes de “La Crucifixión Rosa” -Sexus (1949), Plexus (1953), y Nexus (1960)- y sus aventuras en el París de los años treinta en “Tropico de Cancer”.



En 1939 fue a Grecia a visitar a Lawrence Durrell; su estancia allí es la base narrativa de lo que luego se conocería como “El  Coloso de Marussi”.




Aislado por la guerra y forzado a regresar a América, llevó a cabo una odisea que duró un año recordada en “Pesadilla de aire acondicionado



En 1944 se asentó en un lugar vacío y extenso de la costa de California, llevando la vida que describe en “Big Sur y las naranjas de Hieronymus Bosch"


Ahora éste nombre ha hecho de Big Sur el centro del peregrinaje y Henry se ha ido de ahí pues se encuentra nuevamente en movimiento.


A los setenta se ve más como un monje budista que se ha tragado un canario. Él inmediatamente impresiona por su humor y calidez humana.


A pesar de su cabeza calva con su halo de pelo blanco, nada hay de viejo en él. Su  figura sorprendentemente liviana, es la de un hombre joven; todos sus gestos y movimientos son jóvenes.


Su voz es tranquila, suave y cautivantemente mágica. Resonante, pero de bajos tranquilos, con una gran gama de modulaciones.


No desconoce lo que parece ser su embrujo.


Su habla es la de un nativo de Brooklyn, pero modificada; frecuentemente puntualizada por pausas retóricas como

“¿ Ves?” y “Ya sabes” ; arrastradas por una serie de ruidos disminuidos y reflexivos: “ Ya, ya. Hummmm. Ya, ya, ya”



Esta entrevista tuvo lugar en Lóndres, en el mes de septiembre de 1961.



George Wickes - 1962






ENTREVISTA



- Antes de todo: ¿Podría explicar como le va con su negocio de escritor? ¿Afila el lápiz como Ernest Hemingway o cualquier cosa parecida para hacer andar el motor?



H M – No, nada de eso. Generalmente comienzo a trabajar luego del desayuno. Me siento frente a la máquina. Si me encuentro incapacitado para escribir, renuncio. Pero no hay nada pautado.


- ¿Hay cierto momento en el día, ciertos días que trabajas mejor que otros?


H M – Ahora prefiero la mañana, pero solo por dos o tres horas. Al principio acostumbraba a trabajar desde la medianoche hasta poco antes del amanecer, pero esto fue en el comienzo.

Aun antes de marchar a París, me di cuenta que era mucho mejor trabajar en la mañana. Pero entonces acostumbraba a trabajar muchas horas. Ahora trabajo en la mañana. Tomo una corta siesta después del almuerzo, me levanto y vuelvo a escribir.

Creo que no es necesario trabajar tanto. De hecho, es malo. Vacías el depósito.



- ¿Podría decir que escribe rápidamente? Alfred Perlés   dice en “My Friend Henry Miller” que era el mecanógrafo más rápido que conoció. 



H M – Mucha gente dice eso. Hago un gran ruido cuando escribo. Supongo que escribo rápidamente por un rato, pero cuando me confundo puedo gastar hasta una hora en solo una página. Pero esto es raro porque cuando me doy cuenta que estoy trabado, atravieso de un salto la dificultad y continúo. Regreso otro día, cuando estoy mucho más fresco.




- ¿Cuánto tiempo diría que le  tomó  escribir uno de tus recientes libros una vez que lo comenzó?



H M – No puedo responder. No puedo predecir cuanto tiempo me llevará escribir un libro: sobre todo ahora, cuando debo salir para hacer algo. Por eso no puedo decirlo. Hay algo falso en eso de tomar los datos tirados por el autor cuando dice que comenzó y termino en tal periodo de tiempo un libro. Eso no significa que él estuvo escribiendo el libro durante ese tiempo. Tomando Sexus y tomando la totalidad de la  Crucifixion Rosada. Pienso que comencé en 1940. Y todavía estoy en ello. Bueno, me parece absurdo decir que estuve trabajando en eso todo ese tiempo. Por años, pensé demasiadas veces en esto. Así que ¿cómo puedo hablarte acerca de eso?


Henry Miller en París. 1969.Fotografía de C. Bavagnoli.

- Sé que reescribió Tropico de Cancer varias veces, y éste trabajo probablemente le dio más problemas que cualquier otro; pero por supuesto, era el principio. Entonces, también estaba preguntándome, escribir ¿ahora se volvió bastante fácil para ti?



H M –Creo que esa pregunta no tiene sentido ¿cuál es la importancia de cuanto tiempo lleva escribir un libro? Si le hubieras hecho esta pregunta a George Simenon, te habría dicho algo preciso. Creo que a él le lleva de cuatro a siete semanas. Él sabe contarlas. Usualmente sus libros tienen cierta longitud .



- ¿Edita inmediatamente o hace muchos cambios?



H M – Esto también varía en gran manera. Mientras trabajo, nunca reviso ni corrijo. Podría decirse que escribo algo, lo dejo descansar por un tiempo – tal vez un mes o dos – y después vuelvo a mirarlo con otros ojos. Entonces es cuando le doy un tiempo especial a ése texto. Una vez leído, vuelvo a trabajarlo pero esta vez con el hacha. Pero no siempre es así. 


George Simenon



- ¿Cómo hace para revisarlo? 



H M – Cuando lo reviso uso un bolígrafo para hacer los cambios. Generalmente tacho pero también inserto cosas. El manuscrito se ve maravilloso después de todo eso, como uno de Balzac. Entonces reescribo y en el proceso de reescribirlo hago más cambios. Prefiero reescribirlo todo yo mismo, porque mientras pienso puedo ir haciendo todos los cambios que quiera. El solo acto mecánico de tocar la tecla de la máquina de escribir afila mis pensamientos y me encuentro a mí mismo revisando mientras doy por finalizada la tarea.



- ¿Quiere decir que algo va ocurriendo entre la máquina y usted ?



H M – Sí. De alguna manera la máquina actúa como estimulante; es una cosa cooperativa.



Henry Miller. Fotografía de  Arnold Newman. 1976

- En "Los Libros en mi vida", dice que la mayoría de pintores y escritores trabajan en una posición escasamente confortable ¿Piensa que esto ayuda?



H M – Sí. Creo que de algún modo la ultima cosa en la que piensa un escritor o cualquier artista cuando se encuentra trabajando es en la confortabilidad.

Quizá la incomodidad sea una porción de ayuda, un estímulo. Los hombres que pueden permitirse trabajar bajo mejores condiciones a menudo escogen trabajar bajo condiciones miserables.



- ¿Esa incomodidad no puede ser algunas veces psicológicas? Tomemos el caso de Dostoievski.



H M – Bueno, no sé. Reconozco que Dostoievski siempre estaba en un estado miserable, pero no puedes decir que elegía la incomodidad. No. Dudo seriamente de eso.

No pienso que alguien elija esas cosas. A menos que sea inconsciente. Pienso que muchos escritores tienen lo que tu puedes llamar una naturaleza demoníaca. Siempre están en problemas. Y no solo porque están escribiendo o porque escriben, pero esto es así en todos los aspectos de su vida: matrimonio, amor, negocios, dinero. Todo. Todas las cosas van atadas juntas. Todo  parte del mismo paquete. La personalidad creativa es un aspecto. No toda la personalidad creativa se encuentra en tal situación, pero alguna parte sí lo está.



- En uno de sus libros habla de ser casi poseído, de tener una especie de canal abierto en usted ¿Cómo es este proceso de trabajo?



H M – Bueno, esto pasa únicamente en raras ocasiones. Alguien se apodera de ti y tu copias lo que ése ser te dice.


Esto ocurrió con mayor intensidad con el trabajo sobre D. H. Lawrence – un trabajo que nunca finalicé- porque estaba pensando en muchas cosas ( Este texto sería publicado como El mundo de D.H. Lawrence en 1980).

Mira, pienso que pensar es malo . Un escritor no debería pensar tanto. Pero éste es un trabajo que requiere pensar. No me siento muy bien cuando pienso. Trabajo en lugares muy profundos y cuando escribo, bueno exactamente no sé qué va a pasar.


Sé qué quiero escribir, pero no le doy mucha importancia a cómo decirlo. Pero en éste libro peleaba con algunas ideas. Algunas tenían forma y significado; otras eran cualquier cosa. Estuve en esto alrededor de dos años. Estaba saturado. También obsesionado pero no podía soltarlo. Ni siquiera podía dormir. Bueno – como te digo– la posesión fue mucho más fuerte en éste libro. Pero de igual modo ocurrió con Trópico de Capricornio. Y con partes de otros libros. Pienso que el pasaje se destaca. No sé si otros se dan cuenta.




- ¿Es ése el pasaje al que llamas cadencia?



H M – Sí, he usado esa expresión. El pasaje al cual me refiero es tumultuoso: las palabras caen una sobre la otra. Puedo seguir en forma indefinida. Por supuesto, pienso que es una de las formas en la que uno puede escribir todo el tiempo. Aquí es donde puedes ver toda la diferencia –la gran diferencia– entre el pensamiento del Este y del Oeste, así como comportamiento y disciplina.

Si un artista Zen va haciendo algo, él ha tenido una larga preparación en disciplina y meditación. Un pensamiento profundamente tranquilo que se transforma en no-pensamiento; silencio, vacío y algo más. El artista puede estar así por meses o por años.

Entonces, cuando él comienza su trabajo, lo hace como un rayo, porque es lo que quiere, porque de ése modo es perfecto.

Bueno, pienso que éste es el camino que todo el arte debería recorrer. Pero ¿quién lo hace? Lidiamos con vidas que son contrarias a nuestra profesión.



- ¿El espadachín del Zen es un condicionante particular que el escritor debe atravesar?



H M - Desde luego pero ¿quien lo hace? Aunque el escritor lo atraviese o no, todo artista se disciplina a sí mismo y se condiciona de una manera u otra. Cada hombre tiene su propio camino. Después de todo, muchos escritos son realizados lejos de la máquina de escribir, así como del escritorio. Yo digo que esto ocurre en la tranquilidad, en momentos silenciosos, mientras estás caminando o afeitándote o jugando un juego o lo que sea.


También cuando estás hablando con alguien sobre cosas en las que no estas vitalmente interesado. Si estás trabajando, tu mente está trabajando en éste problema en el fondo de tu cabeza.


Entonces, cuando tomas tu maquina de escribir, es solo una mera materia relacionada con la transferencia



- Recién dijo que algo dentro suyo quiere asumir el control.



H M – Por supuesto. Escúchame ¿quienes escriben los grandes libros? No somos nosotros quienes firmamos ¿Qué es un artista? Es un hombre que tiene una antena, quien conoce cómo enganchar las corrientes que están en la atmósfera, en el cósmos.

Él simplemente tuvo la facilidad de engancharlas tal como eran. ¿Qué es lo original?

Todo lo que hacemos, todo lo que pensamos, existe inmediatamente, y solo somos intermediarios, esto es todo; hacemos uso de lo que está en el aire. ¿Porqué hay ideas?

¿Porqué hay grandes científicos descubriendo lo que ocurre en distintas partes del mundo al mismo tiempo?


Lo mismo es la verdad de los elementos que van a realizar un poema una gran novela o una gran obra de arte. Ellos están ya en el aire, no les han sido dadas voces, eso es todo. Necesitan al hombre, al intérprete que los traiga al frente. Bueno, esto también es verdad, por supuesto, que algunos hombres se encuentran adelantados a su tiempo.


Pero hoy en día  yo no creo que los artistas sean quienes estén mucho más adelantados en el tiempo que los científicos. Los artistas se aíslan, su imaginación no se mantiene ni a un paso de la de los científicos.


Henry Miller y  Candice Thayer. Fotografía de  Bradley Smith. Tomada de la Revista Playboy correspondiente a Noviembre de 1971.

- ¿Cómo anota el hecho de que ciertos hombres son creativos? Angus Wilson dice que los artistas escriben debido a un cierto tipo de trauma y que usan su arte como terapia para superar la neurosis. 

Aldous Huxley -por otro lado- tranquilamente toma el punto de vista opuesto y dice que los escritores son fundamentalmente sanos y que si ellos sufren alguna clase de neurosis esto les añadiría una desventaja como escritor. 

¿ Tiene alguna opinión al respecto?



H M – Creo que varía con cada escritor. Pienso que no puedes hacer este tipo de declaraciones tomando a los escritores como un todo. Después de todo es un hombre como lo otros hombres; puede que sea neurótico o puede que no.


Quiero decir que su neurosis, o lo que sea que ellos digan que lo produce, se encuentra “rodeada por una conjunción planetaria: mapas topográficos de la región con monumentos, calles y cementerios. Por otro lado, existe una influencia fatal de algunos campos del tipo. Eventos Mayores. Ideas Dominantes. Modelos psicológicos". La escritura no representa  necesariamente la personalidad del escritor.


Creo que hay cosas muchas más misteriosas que ésta y nunca traté de poner mi dedos en ellas. Me parece que el hombre es una antena. Si realmente sabe que  lo ha sido, será muy humilde. Se reconocerá a sí mismo como un hombre que posee cierta facultad que le ha sido destinada para ponerla al servicio de otros.

No hay nada para estar orgulloso pues su nombre significa nada. Su ego también es nada. Él solo es un instrumento en una larga procesión.



¿ Cuándo se dio cuenta que tenía esta facultad? 

¿ Al comenzar a escribir?



H M – Debe haber comenzado mientras me encontraba trabajando para la Western Union. Esto ocurrió exactamente cuando, a cualquier precio, escribí mi primer libro.

Escribí otras cositas por ésa época. Pero la cosa real ocurrió después de renunciar a la Western Union en 1924. Cuando decidí que sería un escritor y me dediqué a ello completamente.


- Esto significa que pasaron diez años antes de que apareciera publicado Tropico de Cancer.


H M – Sí, tanto como eso. Además de otras cosas escribí dos o tres novelas durante ése tiempo. Verdaderamente escribí dos antes de escribir “Trópico de Cáncer


- ¿Podría decirme algo acerca de éste periodo?


H M – Dije bastante acerca de esto en La Crucifixión Rosada. También en Sexus, Plexus y Nexus; todas novelas de ése periodo. Pero debe haber mucho más de ello en la segunda mitad de Nexus. He dicho todo acerca de mis tribulaciones durante ése periodo –mi vida física, mis dificultades. Trabajé como un perro al mismo tiempo–  ¿Que más puedo decir? Estaba en una niebla. No sabía lo que hacía. No podía ver lo que recibía.

Suponía que estaba trabajando en una novela, escribiendo la gran novela, pero de hecho no estaba yendo hacia ningún lado. A veces no escribía mas que tres o cuatro líneas al día. Mi esposa volvía tarde en la noche a casa y me preguntaba “ bueno ¿ cómo va eso?” (Nunca la dejé ver lo que había en la máquina. Yo le decía “ Oh, está yendo maravillosamente.” “Bueno ¿dónde estas ahora?”


De todas esas páginas que supuestamente había escrito, quizás escribiera tres o cuatro, pero yo hablaba como si hubieran sido cien o ciento cincuenta. Podía seguir hablando acerca de lo que hacía: de componer la novela como le decía a ella .Y ella podía escuchar y alentarme sabiendo malditamente bien que yo estaba mintiendo. Al día siguiente ella volvía y decía  “ ¿Cuál es la parte que hablabas el otro día?, ¿ cómo sigue eso? ” Y esto era una mentira, ya sabes, un invento entre los dos.




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George Wickes  es un critico literario y educador nacido en Bélgica. Es autor del libro Americanos en París. Publicado por Doubleday en 1969.


Traducción de Raúl Racedo y  Richard Montenegro


The Art of Fiction No. 28


Interviewed by George Wickes

Summer-Fall 1962





3 comentarios:

  1. Muy buena la entrevista, me gustó su opinión sobre la supuesta personalidad del escritor, así como su postura frente a la generalización que se hace sobre los escritores; lo mismo sucede en otras disciplinas. Siempre se espera que el artista, bailarín, fotógrafo... actúe de determinada manera según su oficio o lo que la sociedad espera de él, mientras que su realidad humana, personal, es muy diferente.

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  2. Me encantó la entrevista, gracias. Miller tenía definitivamente una claridad de pensamiento enorme.
    Saludos.

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  3. Excelente publicación , gracias por compartirla.
    JEM WONG

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